Por: Carolina Misle Rudloff
¿Somos forjadores de nuestra propia realidad? Si es así, ¿Acaso no vemos lo que queremos ver? Vivimos en un mundo en el que la violencia, la corrupción, el engaño y la guerra nos invaden cada día más; pero al contrario de lo que pudiera esperarse cada vez parece que nos afectan menos. El ser humano parece haber olvidado valores esenciales como la solidaridad o una mínima piedad por los sufrimientos ajenos. Antes de acostarnos vemos la noticia de un accidente automovilístico, la muerte de 100 personas en Irak, y aunque no son noticias que nos alegren, despertamos al día siguiente sin pensar siquiera en ello. Y es que nos hemos encerrado en nuestro mundo, y nos sentimos ajenos a aquello que perturbe la calma de nuestra realidad, vivimos como en una Matrix auto impuesta, de la que no queremos salir, aún sabiendo que no es del todo real. Hay muchos en nuestra época postmoderna que se conforman con un pensamiento débil: meras opiniones o simples datos. Afirman, como Cifra en Matrix, que la ignorancia es la felicidad. Porque ¿Qué elegir entre una felicidad artificial y una vida libre, auténtica pero con el riesgo de que sea desgraciada, miserable, triste o trágica? Esta de una de las grandes elecciones que nos plantean a todos, prisioneros de múltiples cavernas, enganchados a matrices tan invisibles como poderosas.
El gran problema es que somos nosotros los que estamos formando esta sociedad; personas que no se preocupan de la sociedad y una sociedad que no se preocupa de las personas. Nos hemos vuelto conformistas. La gente se deja llevar por un sistema esté o no de acuerdo con él, con tal de mantener una vida cómoda; herméticos y mudos frente a los horrores del mundo, y aquellos que no están a favor de seguir con esa mediocridad son criticados e ignorados, como aquel prisionero que escapó de la caverna y vio la luz, la realidad, mas cuando volvió y quiso convencer a sus compañeros de prisión de que vivían en un engaño, los otros se rieron de él y no le creyeron; porque el sistema los tenía atados, porque esa era su realidad y se sentían cómodos con ella y no podían vivir sin ella, e incluso Platón plantea en la Alegoría de la Caverna, que si el que salió intentara desatar a los otros y conducirlos a la luz, ellos serían capaces inclusive de matarlo. Tal como Morfeo se lo explica a Neo “la mayoría de ellos no están preparados para ser desenchufados. Y muchos están tan habituados, dependen tan absolutamente del sistema, que lucharían para protegerlo.” A pesar de que tenemos conciencia de que vivimos muchas veces en un mundo de apariencias, un mundo de consumismo y hedonismo, tememos volver a la realidad porque ciertamente es más fácil seguir en un sistema, donde todos hacen lo mismo.
¿Pero lo más fácil es lo mejor? ¿Acaso el ser humano vino a este mundo a solo servirse a sí mismo? Con un pensamiento egoísta jamás podremos mejorar el mundo en que vivimos porque ni siquiera en nuestra Matrix, con la que intentamos alejarnos del dolor de la realidad, nos evadimos del sufrimiento, porque en el egoísmo nos vemos solos y nos ataca la depresión, la desesperanza. Pero el mundo siempre puede ser mejor y la clave no está en un crítica a la sociedad, sino en una crítica a nosotros mismos, quizás el camino hacia la bondad no sea el más fácil pero ciertamente es el realmente efectivo, el que nos entrega algo más que enseñanzas superfluas y el que conforma una verdadera paz y felicidad interior, para que la idea de bien (mundo intangible), ilumine un mundo de bien (mundo sensible), y podamos ver la luz. Tomar la pastilla con la que arriesgas llegar al dolor (pero del dolor a la felicidad), o la que te mantendrá en un constante sueño, lo irreal. Tú decides…
Bibliografía:
- Alegoría de la Caverna. Platón, La República Libro VII, 514a-518b.
- Reminiscencias literario-filosóficas en Matrix (Andy & Larry Wachowski. 1999)
lunes, 28 de mayo de 2007
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