Por: María Teresa Cortés
Hoy en día oímos con frecuencia hablar de la globalización y podemos explicarla fácilmente como la conformación de una aldea global, pero alguna vez nos hemos cuestionado profundamente qué significa esa definición o qué consecuencias acarrea para nosotros como individuos.
Desde que el hombre empezó a organizarse en comunidad, ya fuesen tribus, bandas y posteriormente grandes civilizaciones, se establecieron patrones de comportamientos que aún perduran, pues se expandieron en forma masiva, por ejemplo un tema tan común hoy en día como la educación de un niño es un tema que nace en las culturas clásicas en la edad Antigua, incluso antes de Cristo, y a medida que pasó el tiempo se fue expandiendo hasta llegar a ser una conducta mundial generalizada y obviamente nadie la cuestiona pues hasta ahora ha dado resultados satisfactorios en el desarrollo de la civilización que queremos formar y que creemos está bien, por eso nadie propone cambiarla radicalmente, sólo se trabaja para mejorarla o pulirla, manteniendo como base las mismas raíces.
Sin embargo, antes de hablar de una globalización, existían muchas costumbres o modos de vida característicos de culturas, que de cierta medida ampliaban la diversidad de formas de vida, en cambio, hoy en día toda la gente actúa de manera similar a nivel mundial.
Según muchos especialistas, la globalización nos conviene a todos, pero hablando objetivamente este proceso logra manejar a las personas a su antojo, entonces eso ¿a quién le conviene? Es aquí donde explicamos el gran defecto de la globalización que es una forma de manipular a las personas para que se comporten de cierta manera. Además cabe mencionar como causa de lo antes expuesto, la masificación de los medios de comunicación y la influencia de la publicidad en la gente. Así los grandes capitalistas que manejan la economía mundial son verdaderamente beneficiados con el proceso de globalización. Por ejemplo, la navidad dejo de ser un proceso de importancia a nivel familiar y social para pasar a ser relevante a nivel comercial, ¿y eso a quién le sirve?
Para entender este suceso, podemos señalar la película “The Matrix”, donde la realidad que hoy tenemos gracias al proceso globalizador es comparable con La Matrix, de dicha película, que es un mundo imaginario generado por un ordenador (serían los capitalistas), construido para mantenernos bajo control, es decir, el mundo que se nos está presentado y que además estamos aceptando sin cuestionamientos, incluyendo el trabajo, la televisión, la iglesia católica, los impuestos y el consumo supuestamente necesario, vendría siendo un pariente de La Matrix.
Pues bien, nosotros como seres independientes, concientes y racionales tenemos todas las capacidades para rechazar esta propuesta de realidad, pero ¿por qué no lo hacemos?, muy simple, porque ya estamos habituados a esta forma de vida, estamos absolutamente acostumbrados a esto, por eso no pensamos en la posibilidad de otro sistema si este nos acomoda y aceptamos todo lo que vemos, sentimos, olemos, saboreamos porque creemos que es lo único real.
Tal como ocurre en la alegoría de la caverna de Platón que aparece en La República, donde se presentan hombres encadenados dentro de una caverna donde lo único que conocen son las sombras de lo que pasa por la entrada de la caverna que se reflejan en las paredes ésta misma gracias al fuego, pues los hombres al estar encadenados no pueden voltear sus cabezas, entonces ellos tienen por real las sombras, tal como nosotros tenemos por real lo que sentimos. A esta realidad Platón, en su teoría de las ideas, la denomina mundo sensible y corresponde a todo lo aparente, además es múltiple, corruptible y mutable, al contrario del mundo inteligible donde lo real es eterno. Ahora bien, sabiendo que la realidad que sentimos puede cambiar, como le ocurre a uno de los hombres de la caverna que logra salir y conoce el mundo externo, al cual le costó acostumbrarse en un principio, debido al encandilamiento, pero luego lo aceptó y consideró todo eso como la verdadera realidad que ahora se le era revelada.
Nosotros también podemos cambiar está realidad de las cosas, sólo debemos proponernos encontrar la causa de todas las cosas bellas y rectas, que es el bien, que en mundo sensible ha engendrado la luz y en el mundo inteligible ha generado la inteligencia que nos permitirá actuar de manera correcta y la sabía en todos los ámbitos de nuestras vidas. Quizás nos cueste aceptar que debemos cambiar, pero una vez que lo hagamos, tendremos la posibilidad de vivir en un mundo sin controles, sin límites ni fronteras, donde lo que hagamos estará realizado sólo por nuestras manos sin la influencia de ningún otro ser, pero siempre estará guiado por el bien.
lunes, 28 de mayo de 2007
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